La importancia de Siria se conoce menos. Deriva del primer califato en el siglo VII y el nacimiento del nacionalismo árabe en el siglo XX. Damasco fue la primera gran capital que cayó en poder de los ejércitos islámicos. Cuando los árabes se apoderaron también de Jerusalén, alrededor del 638, agruparon Palestina y Siria en una tierra que consideraron la verdadera tierra santa islámica: Bilad al Shams. En un ejemplo típico de los llamados Méritos de Jerusalén, leemos: “El santuario de la Tierra es Siria; el santuario de Siria es Palestina; el santuario de Palestina es Jerusalén”.
En 661, el astuto y carismático califa Muauiya, fundador de la dinastía Omeya, hizo de Damasco la capital de Bilad al Shams. Sus familiares, los grandes califas Abdel Malik y su hijo Al Walid I, construyeron la Mezquita Omeya en dicha ciudad, que incorporó la iglesia que albergaba la cabeza de Juan el Bautista. Durante sus 100 años iniciales, Siria fue el cuartel general de un vasto imperio árabe que se extendía desde España hasta las fronteras de India. Es fácil olvidar que Damasco fue, durante un tiempo, la capital del mundo. En la época de las Cruzadas, Saladino gobernaba Egipto, Palestina, Jordania y La Meca desde Damasco. Saladino adoraba Damasco, donde había crecido y había sido un joven mimado que jugaba al polo toda la noche, a la luz de las velas, con su soberano. Para él, Egipto no era más que su gallina de los huevos de oro: “Egipto fue la puta”, bromeaba, “que intentó separarme de mi fiel esposa, Damasco”.
Churchill tenía razón al decir que “los dictadores cabalgan sobre tigres de los que no se atreven a bajar
Con los siglos, Siria siguió siendo una idea emocional y religiosa que se convirtió en un talismán nacionalista. A medida que la conciencia nacional árabe se despertaba de la represión otomana durante la I Guerra Mundial, el sueño fomentado por T. E. Lawrence fue el de un reino árabe con sede en el centro, Siria. Ese fue el objetivo de la revuelta árabe: cuando, en 1918, el príncipe hachemí Faisal liberó Damasco, se declaró rey de la Gran Siria. Antes de que existiera el nacionalismo palestino, los palestinos soñaban con vivir en el reino de Siria y Líbano de Faisal. Pero no fue así: los franceses querían Siria y derrocaron a Faisal en 1920.
Los franceses inventaron las fronteras actuales de Siria. El Mandato Francés comprendía Líbano y Siria, pero París siempre había protegido a los cristianos maronitas de Monte Líbano. Esa fue la razón de que, entre las dos guerras mundiales, Francia separase Líbano, designado santuario maronita, de Siria. De modo que la Siria moderna, una obra colonial, con una mayoría suní y unas minorías cristiana y alauí del 10% cada una, nunca ha tenido una vida normal; ha habido más de 30 golpes militares; en 1949, hubo tres en un año. Durante los años cuarenta y cincuenta, los políticos sirios estudiaron fusionarse con Irak; a finales de los cincuenta, Siria se unió con Egipto en la República Árabe Unida.
En 1969, el adusto y despiadado comandante de la fuerza aérea Hafez el Asad, pronto conocido como la Esfinge de Damasco, encontró otra manera de gobernar Siria: una dictadura controlada a través de su familia y los hermanos alauíes, que cooptaron a oficiales suníes de confianza y a ricos comerciantes suníes de Damasco y crearon una élite cleptocrática con su policía secreta.
En cuanto a Occidente, la caída de El Asad será la caída de un enemigo de todos los intereses occidentales
Para impedir la disidencia en su propio país, los Asad exportaron sin piedad un terror radical, anti-israelí y antiamericano, a sus vecinos. Convirtieron Líbano, que consideraban parte de Siria, en su patio de recreo, su colonia, su hucha y su marioneta, pero necesitaban un patrocinador: primero fue la Unión Soviética y luego fue el Irán islámico.
Sin embargo, los Asad disfrutaban de un estatus especial en Occidente, y de ahí el extraño respeto mostrado a Siria incluso por el presidente Obama. La Esfinge de Damasco fomentó la posición de Siria como elemento clave para la paz en Oriente Próximo debido a su historia como corazón del mundo árabe. Ahora bien, nunca dejó de ser una tiranía dinástica y cruel, desgarrada por disputas familiares. Cuando los Hermanos Musulmanes de Hama se rebelaron, el hermano de Hafez, Rifaat, comandante de la guardia pretoriana, mató a 10.000 personas. Pero entonces intentó derrocar a la Esfinge, que le exilió a París. La Esfinge murió en 2000, y le sucedió, a la manera monárquica, su hijo Bachar, que a su vez cuenta con la ayuda de su hermano, Maher, también comandante de la Cuarta Brigada.
Hasta hace muy poco tiempo, un Occidente crédulo e ingenuo ha tolerado su reinado de terror en Líbano, su apoyo a Hezbolá y Hamás, y ahora la matanza de 3.500 inocentes y el encarcelamiento de 20.000: esos regímenes siempre recurren a vender la esperanza de reforma.
En Libia, era el heredero, Saif el Islam, quien desempeñaba ese papel. En Siria, fue Bachar. Su juventud y su simpatía, su título de oftalmólogo obtenido en Londres y su matrimonio con una belleza siria también educada en Londres contribuyeron a engatusar a los estadistas occidentales durante 10 años. Basta comparar la ruidosa reacción de Occidente al más mínimo error israelí —titulares de prensa, indignación generalizada, manifestaciones, fastuosos actos para recaudar fondos— con el casi silencio de esa misma gente sobre las matanzas y las mutilaciones de mujeres y niños cometidas por El Asad.
La Liga Árabe decidió suspender a Siria. El rey Abdalá de Jordania dijo que El Asad debe marcharse. Francia exige sanciones o una intervención como la de Libia. Pero Siria no es Libia: una intervención occidental podría tener consecuencias imprevistas y peligrosas.
Las luchas étnicas ya han comenzado. Si Siria se disuelve en una guerra civil, los alauíes de las fuerzas de seguridad intensificarán sus ataques contra los suníes y los cristianos. El Asad, que gobierna con una pequeña camarilla de familiares y esbirros, intentará distraer a los sirios mediante la movilización de Hezbolá y provocando choques con Israel. Pero es prácticamente indudable que recurrirá a las bombas o los asesinatos para involucrar a Líbano: al fin y al cabo, los dos son un solo país.
Si cae El Asad, los alauíes se encontrarán con una venganza terrible. La mayoría suní acabará dominando, y los Hermanos Musulmanes serán la fuerza hegemónica. Pero, como demuestran los golpes de Estado anteriores, los suníes más laicos, presentes en las élites militar y empresarial, tendrán un papel muy importante. Ya no harán concesiones a los chiíes de Hezbolá ni a los ayatolás de Irán: probablemente, la nueva Siria recurrirá a Egipto, como en otros tiempos.
No obstante, los mayores efectos se sentirán en las dos grandes potencias en ascenso de Oriente Próximo: parece indudable que Turquía, la potencia imperial entre 1517 y 1918, que ya hace exhibición de su poderío otomano, está armando a la oposición siria y quizá pronto cree una tierra de nadie para protegerla.
El país más importante en la primavera árabe no es árabe. La abortada Revolución Verde de Irán sirvió de disparadero de la de la primavera, pero fue aplastada por Alí Jamenei, el líder supremo, que tal vez condene pronto a muerte a sus dirigentes. Irán, nacionalista y nuclearizado, está haciendo lo mismo que El Asad a gran escala, sembrando la discordia entre sus vecinos y adoptando la arrogancia de una potencia regional para evitar la desintegración interna.
La caída de los Asad sería un golpe para Irán y sus clientes, Hezbolá y Hamás, que dependen de las armas iraníes suministradas a través de Siria. Pero Hezbolá controla Líbano, que ya está totalmente armado y preparado para una guerra con Israel. En Palestina, Hamás encontrará otros protectores. Eso sí, ambos quedarán más expuestos.
Irán y Turquía tenían buena relación, pero, a la hora de la verdad, la teocracia chií y la democracia suní chocarán por las cenizas de los Asad y el premio de Siria. En cuanto a Occidente, la caída de El Asad será la caída de un enemigo de todos los intereses occidentales.
El Asad ha proclamado que está dispuesto a morir por Siria. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, respondió: “Si quiere ver a alguien que luchó contra su pueblo hasta morir, fíjese en Hitler y Musolini. Si no puede aprender nada de ellos, fíjese en el líder libio asesinado”.
El propio El Asad ha puesto el dedo en la llaga: aunque se presenta como un caballero árabe dispuesto a morir en la refriega, quizá entiende también que estas dictaduras dinásticas de Oriente Próximo son esencialmente monárquicas. Es difícil ver de qué forma podría retroceder; su poder, férreo y manchado de sangre, solo puede morir con el rey. Churchill tenía razón al decir que “los dictadores cabalgan sobre tigres de los que no se atreven a bajar”.
El tigre sirio está tocado, pero no hay nada más peligroso que un tigre herido.
Simon Sebag Montefiore es historiador británico. Su libro más reciente es Jerusalén: la biografía (Crítica). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
El Oriente Medio, también llamado Medio Oriente (árabe: الشرق الأوسط Ash-sharq-l-awsat, hebreo: המזרח התיכון Mizraj-Ha-Tijon, persa: خاورمیانه Khāvarmiyāneh), designa a una región aproximadamente equivalente al Sudoeste de Asia. Sin embargo, en Europa también se utiliza la denominación Oriente Próximo para referirse a dicha región.
martes, 31 de enero de 2012
lunes, 23 de enero de 2012
EL PRESIDENTE YEMENI SALEH, VIAJARA A EEUU Y PIDE PERDÓN POR 33 AÑOS DE CORRUPCIÓN Y NEPOTISMO.
El presidente de Yemen, Alí Abdalá Saleh, a punto de dejar el poder por la presión de los manifestantes, que en las protestas de ayer exigían su ejecución, pidió “perdón” a sus compatriotas por sus errores y anunció que viajará a Estados Unidos por un tratamiento médico, tras la obtención de su visado.
“Pido perdón a todo mi pueblo, hombres y mujeres, por cualquier error que pueda haber cometido mi gobierno de 33 años”, dijo Saleh en un discurso de despedida pronunciado antes de partir.
Tras estas declaraciones, Saleh abandonó la capital yemení rumbo a Omán donde pasará unos días antes de viajar a EU, tras el acuerdo de salida facilitado por la Liga Árabe. Acusado de corrupción y nepotismo.
Saleh, aceptó ceder el poder en virtud de un acuerdo sobre una transición logrado el 23 de noviembre, a cambio de inmunidad para él y sus allegados.
QUIEN ES ALI ABDULLAH SALEH
Ali Abdullah Saleh (21 de marzo de 1942) es el actual presidente de la República de Yemen. Anteriormente fue presidente de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) desde 1978 y pasó a ser el máximo mandatario del Yemen reunificado a partir de 1990. Es después de Gaddafi el mandatario de un país árabe que ha permanecido más tiempo en el poder. El 2 de febrero del 2011 anunció que en 2013 renunciará al poder, asegurando además que su hijo, Ahmed Saleh, no le sucederá en el cargo. A pesar de esto, las protestas en su contra continuaron y, en noviembre anuncia su renuncia al cargo FUENTE WIKIPEDIA
“Pido perdón a todo mi pueblo, hombres y mujeres, por cualquier error que pueda haber cometido mi gobierno de 33 años”, dijo Saleh en un discurso de despedida pronunciado antes de partir.
Tras estas declaraciones, Saleh abandonó la capital yemení rumbo a Omán donde pasará unos días antes de viajar a EU, tras el acuerdo de salida facilitado por la Liga Árabe. Acusado de corrupción y nepotismo.
Saleh, aceptó ceder el poder en virtud de un acuerdo sobre una transición logrado el 23 de noviembre, a cambio de inmunidad para él y sus allegados.
QUIEN ES ALI ABDULLAH SALEH
Ali Abdullah Saleh (21 de marzo de 1942) es el actual presidente de la República de Yemen. Anteriormente fue presidente de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) desde 1978 y pasó a ser el máximo mandatario del Yemen reunificado a partir de 1990. Es después de Gaddafi el mandatario de un país árabe que ha permanecido más tiempo en el poder. El 2 de febrero del 2011 anunció que en 2013 renunciará al poder, asegurando además que su hijo, Ahmed Saleh, no le sucederá en el cargo. A pesar de esto, las protestas en su contra continuaron y, en noviembre anuncia su renuncia al cargo FUENTE WIKIPEDIA
martes, 17 de enero de 2012
Qatar propone despliegue de tropas árabes en Siria
Siria se opuso este martes al despliegue de tropas árabes propuesto por Qatar para poner fin a la violencia, que causó la muerte de unas 5.400 personas desde el inicio de la movilización popular contra el régimen de Bashar al Asad, según estimaciones de la ONU.
"Siria rechaza las declaraciones de responsables de Qatar sobre el envío de tropas árabes, que amplifica la crisis, frustra la acción árabe y abre la vía a una intervención extranjera", declaró el ministerio de Relaciones Exteriores sirio en un comunicado, publicado por la agencia oficial Sana.
"El pueblo sirio rechaza toda intervención extranjera bajo cualquier denominación. Hará frente a toda tentativa que atente contra la soberanía de Siria y la integridad de su territorio", añadió el comunicado.
"Sería lamentable que corriera sangre árabe en territorio sirio para servir" otros intereses, agrega.
"Siria llama de nuevo a la Liga Árabe a parar las campañas de incitación de la prensa, y a ayudar a evitar la infiltración de terroristas y la entrada de armas en su territorio, para lograr la seguridad y la estabilidad previas a un diálogo nacional y a una solución política de la crisis", añade el texto.
El emir de Qatar, jeque Hamad Ben Jalifa Al Thani, dijo el sábado en una entrevista al canal estadounidense de televisión CBS que es favorable al envío de tropas de países árabes para "detener la matanza" en Siria, sacudida desde hace diez meses por una revuelta contra el régimen reprimida de forma violenta.
El emir fue el primer dirigente árabe en proponer tal solución.
Pese a la presencia desde el 26 de diciembre de decenas de observadores árabes en Siria, el régimen siguió reprimiendo las protestas y causando muertos, según fuentes opositoras.
Así, al menos once civiles murieron el martes en Siria, ocho de ellos al estallar una carga al paso del minibús en que viajaban, informó el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido.
En Homs (centro), uno de los bastiones de la protesta contra el régimen del presidente Asad, transportes de tropas blindadas que circulaban en la calle Al Qahira "abrieron fuego a ciegas, matando a un civil e hiriendo a otros nueve", agregó el OSDH.
Además, en Alep, la segunda ciudad de Siria, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo allanamientos en la Ciudad Universitaria después de una manifestación estudiantil el lunes. Las fuerzas de seguridad rompieron los muebles en los dormitorios y arrestaron a algunos estudiantes.
Por su lado, el Consejo Nacional Sirio (CNS), que reúne a las principales corrientes de oposición, explicó haber instalado con el Ejército Sirio Libre (ASL), conformado por desertores, "una oficina de enlace y un teléfono rojo para seguir lo que está ocurriendo".
En el plano diplomático, Rusia distribuyó un nuevo borrador de resolución sobre Siria ante el Consejo de Seguridad de la ONU, luego de haber enfrentado durante semanas críticas sobre el lento ritmo de las negociaciones, informaron el lunes fuentes diplomáticas.
"Siria rechaza las declaraciones de responsables de Qatar sobre el envío de tropas árabes, que amplifica la crisis, frustra la acción árabe y abre la vía a una intervención extranjera", declaró el ministerio de Relaciones Exteriores sirio en un comunicado, publicado por la agencia oficial Sana.
"El pueblo sirio rechaza toda intervención extranjera bajo cualquier denominación. Hará frente a toda tentativa que atente contra la soberanía de Siria y la integridad de su territorio", añadió el comunicado.
"Sería lamentable que corriera sangre árabe en territorio sirio para servir" otros intereses, agrega.
"Siria llama de nuevo a la Liga Árabe a parar las campañas de incitación de la prensa, y a ayudar a evitar la infiltración de terroristas y la entrada de armas en su territorio, para lograr la seguridad y la estabilidad previas a un diálogo nacional y a una solución política de la crisis", añade el texto.
El emir de Qatar, jeque Hamad Ben Jalifa Al Thani, dijo el sábado en una entrevista al canal estadounidense de televisión CBS que es favorable al envío de tropas de países árabes para "detener la matanza" en Siria, sacudida desde hace diez meses por una revuelta contra el régimen reprimida de forma violenta.
El emir fue el primer dirigente árabe en proponer tal solución.
Pese a la presencia desde el 26 de diciembre de decenas de observadores árabes en Siria, el régimen siguió reprimiendo las protestas y causando muertos, según fuentes opositoras.
Así, al menos once civiles murieron el martes en Siria, ocho de ellos al estallar una carga al paso del minibús en que viajaban, informó el opositor Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido.
En Homs (centro), uno de los bastiones de la protesta contra el régimen del presidente Asad, transportes de tropas blindadas que circulaban en la calle Al Qahira "abrieron fuego a ciegas, matando a un civil e hiriendo a otros nueve", agregó el OSDH.
Además, en Alep, la segunda ciudad de Siria, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo allanamientos en la Ciudad Universitaria después de una manifestación estudiantil el lunes. Las fuerzas de seguridad rompieron los muebles en los dormitorios y arrestaron a algunos estudiantes.
Por su lado, el Consejo Nacional Sirio (CNS), que reúne a las principales corrientes de oposición, explicó haber instalado con el Ejército Sirio Libre (ASL), conformado por desertores, "una oficina de enlace y un teléfono rojo para seguir lo que está ocurriendo".
En el plano diplomático, Rusia distribuyó un nuevo borrador de resolución sobre Siria ante el Consejo de Seguridad de la ONU, luego de haber enfrentado durante semanas críticas sobre el lento ritmo de las negociaciones, informaron el lunes fuentes diplomáticas.
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