jueves, 30 de septiembre de 2010

CAI: Guerra de Yom Kipur


La Guerra de Yom Kipur (o Iom Kipur), también conocida como Guerra del Ramadán o Guerra de Octubre, fue un enfrentamiento armado a gran escala entre Israel y los países árabes de Egipto y Siria dentro del denominado conflicto árabe-israelí. Supuso la última guerra total, en múltiples frentes, entre Israel y sus vecinos árabes, y un punto de inflexión en la historia de dicho conflicto. Egipto y Siria lanzaron una ofensiva militar por sorpresa contra Israel coincidiendo con la festividad hebrea del Yom Kipur (6 de octubre de 1973), traspasando la línea de armisticio del Sinaí y de los Altos del Golán, que habían sido conquistados por Israel durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

Causas de la guerra
El conflicto durante muchos años entre los judíos israelíes y los árabes sobre el control de la región de la Palestina histórica había dado lugar a guerras en 1948 (Guerra árabe-israelí de 1948), 1956 (Guerra de Suez) y 1967 (Guerra de los Seis Días).
En la Guerra de los Seis Días, Israel había conseguido conquistar la península del Sinaí y la Franja de Gaza de manos egipcias, los Altos del Golán a Siria, y Cisjordania y Jerusalén oriental a Jordania. En 1968, la ONU adoptó la resolución 242 en la que conminaba al Estado de Israel al regreso a las fronteras anteriores de la guerra y a los países árabes al reconocimiento de dicho Estado. Sin embargo, ninguno de los dos bandos acató la resolución, y los enfrentamientos fronterizos, con mayor o menor virulencia, se mantuvieron en el tiempo.
El sucesor del presidente egipcio Nasser, Anwar el-Sadat, realizó una ofensiva diplomática para la retirada de Israel, a la vez que rearmaba y preparaba su ejército. A pesar de diversas resoluciones de las Naciones Unidas, Israel se negaba a retirarse sin garantías de paz, con el apoyo explícito de Estados Unidos, creyendo ambos en la incapacidad de los ejércitos árabes para lanzar una ofensiva.
No obstante, la Unión Soviética, que apoyó a las naciones árabes durante las guerras anteriores, había aprovisionado a Egipto con nuevo y más moderno material militar. Egipto y Siria, a través de su presidente Hafez al-Asad, mantenían el objetivo común del ataque a Israel, pero los sirios no deseaban, en caso de victoria, iniciar proceso diplomático alguno de apaciguamiento, ni reconocer al Estado de Israel.
En 1972, Sadat había nombrado a Ahmad Ismail Ali, ministro de defensa. A finales del mismo año Leonid Brézhnev había pedido a Sadat que apoyase una política de distensión a pesar del fracaso de los anteriores intentos. Sin embargo, Egipto hizo oídos sordos y se desentendió de las posiciones soviéticas. Tras ascender Ismail al cargo de comandante en jefe de los ejércitos de Egipto, Siria y Libia en virtud de la unión bajo el nombre de Federación de Repúblicas Árabes, Egipto abrigó la esperanza de que Siria se implicaría en una ofensiva a gran escala desde dos frentes, que permitiera el triunfo contra Israel. El interés por Siria no era sólo fruto del panarabismo, sino que éste país seguía recibiendo suministros soviéticos de armas en gran cantidad, como los misiles Sam y aviones MiG-21, mientras que Egipto, tras desoír a Brézhnev, tenía una limitada capacidad de renovar su material militar. El 12 de junio de 1973, Sadat visitó Siria y acordó con Assad el ataque definitivo. La operación se denominaría Operación Badr (Operación Luna Llena).
El 13 de septiembre, en el curso de unas maniobras aéreas según los sirios, o de un hostigamiento según los israelíes, trece aviones de combate soviéticos de aquel país fueron derribados por el ejército de Israel sobre el Mediterráneo, lo que provocó que Asad instara a su homólogo egipcio a iniciar el ataque cuanto antes.

La guerra
El 6 de octubre de 1973, día del Yom Kippur, fiesta judía, Egipto y Siria lanzaron su ataque contra Israel. La fecha había sido escogida con cuidado desde el punto de vista táctico, ya que la mayoría de la población civil israelí estaba ayunando y se encontraría en las sinagogas, las defensas estarían descuidadas y muchos soldados estarían de vacaciones (sin embargo los permisos del Yom Kippur habían sido cancelados por el jefe del estado mayor Israelí David Eleazar). La fecha tiene además una connotación simbólica para los musulmanes, pues según el calendario musulmán un 6 de octubre Mohamed decidió entablar la Batalla de Badr que le dio la primera victoria musulmana contra los infieles de la tribu de Quraish.
La profundidad territorial defensiva conseguida por Israel gracias a los nuevos territorios conquistados en 1967 (una barrera natural de 250 kilómetros de desierto del lado Egipcio, y el desierto de Judea y los Altos del Golán en los frentes jordano y sirio), proporcionaba a Israel la posibilidad de renunciar por primera vez en su historia a un ataque preventivo y dejar que los árabes hiciesen el primer movimiento, con el coste político internacional que debería suponerles una acción semejante. Esa baza estratégica, junto a la euforia por la fulgurante victoria en la Guerra de los Seis Días y su superioridad aérea, hicieron que Israel dudase de que los árabes se atreviesen realmente a realizar un ataque a gran escala, por lo que los israelíes se vieron sorprendidos y abocados a una desesperada defensa tanto por tierra como por aire.

Los Altos del Golán
La ofensiva siria
Los cazas sirios MiG-17 invadieron el espacio aéreo israelí alrededor de las 14:00 horas en la zona de los Altos del Golán donde comenzaron los ataques sobre blindados y las posiciones del Cuartel General del ejército israelí en la zona, con incursiones en Naffaj, Druze y Kuneitra principalmente.

En esta última la artillería siria barrió la zona para eliminar a los tanques israelíes, iniciando la penetración de sus propias fuerzas acorazadas por todo el frente abierto, en la propia Kuneitra y Kushniva hacia Naffaj, mientras los israelíes trataban de organizarse para defender la zona dividiendo sus fuerzas. Por su parte, el ejército egipcio cruzó rápidamente el canal de Suez superando las primeras defensas hebreas. El ejército sirio era consciente de su inferioridad en cuanto a la capacidad para desplazarse alternativamente por el territorio, por lo que trató desde un primer momento de alcanzar con rapidez sus objetivos antes de que los israelíes pudieran organizarse.
El Alto Estado Mayor israelí concentró sus esfuerzos bélicos primeramente en el norte. La península del Sinai era una amplia franja que los egipcios tardarían en superar, pero los Altos del Golan, estrechos hasta su cara sur, podían permitir a los sirios una fácil conquista. Mientras que los esfuerzos en la zona norte del Golán conseguían a duras penas mantener firmes a las fuerzas israelíes, por el sur la penetración de los carros sirios era significativa. Los primeros ataques aéreos israelíes resultaron desastrosos frente a las defensas antiaéreas sirias. Los israelíes perdieron más de cuarenta aviones F-4 Phantom II y A-4 Skyhawk, debiendo suspender las salidas.

El Alto Estado Mayor israelí concentró sus esfuerzos bélicos primeramente en el norte. La península del Sinai era una amplia franja que los egipcios tardarían en superar, pero los Altos del Golan, estrechos hasta su cara sur, podían permitir a los sirios una fácil conquista. Mientras que los esfuerzos en la zona norte del Golán conseguían a duras penas mantener firmes a las fuerzas israelíes, por el sur la penetración de los carros sirios era significativa. Los primeros ataques aéreos israelíes resultaron desastrosos frente a las defensas antiaéreas sirias. Los israelíes perdieron más de cuarenta aviones F-4 Phantom II y A-4 Skyhawk, debiendo suspender las salidas.
Al final del primer día las tropas sirias habían alcanzado uno de sus objetivos fundamentales, el monte Hermon, mientras la mayoría de los blindados israelíes se retiraban. El Mar de Galilea era el siguiente objetivo sirio y mientras, su artillería se apostaba en las laderas del sur del Golán atacando las formaciones en retirada. Al día siguiente, 7 de octubre, los blindados israelíes se encontraron con el despliegue nocturno sirio en las cercanías de Najjaf donde carros tipo T-62, con los más antiguos T-34 y T-55 rusos darían cumplida cuenta de los Sherman israelíes, permitiendo el avance sirio más allá de Najjaf, ocho kilómetros en el interior de Israel. Más al norte, la situación era estable, gracias a las acciones de la aviación y al fuerte desgaste del ejército israelí.

La contraofensiva israelí
El 8 de octubre unidades blindadas israelíes iniciaron una contraofensiva para detener el avance sobre Galilea en el frente norte. Se usó muy poco la aviación, vistas las bajas de los primeros días, y se empleó a fondo la superior movilidad de las unidades blindadas israelíes. A las 48 horas del contraataque, los sirios se encontraban de nuevo en ese frente en las posiciones iniciales antes de la guerra, con unas pérdidas de material superiores al 80%. [cita requerida]
En el frente norte, la presión sobre los sirios fue aumentando, aún con gran número de bajas. Se les desplazó hacia el Kushniya y se superaron las trincheras. La persistente acción israelí se vio sorprendida por una nueva ofensiva siria el 9 de octubre en Kuneitra que duró varias horas. Finalmente los sirios carecían de suministros suficientes y sus columnas de blindados y vehículos de transporte debieron frenar la acción y fueron superadas por el ejército israelí. El día 10 de octubre, los problemas sirios permitieron a la aviación israelí actuar destruyendo diversas bolsas de unidades sirias aisladas causando un gran número de bajas y pérdidas de material. Las pocas fuerzas restantes se retiraron a las fronteras anteriores al inicio de la guerra. El día 8 de octubre, la aviación israelí había castigado puntos estratégicos del Alto Mando sirio en la propia Damasco como respuesta a los cohetes Rana-7 que los sirios habían lanzado sobre la población israelí.
La moral siria había decaído desde entonces. El 11 de octubre, unidades acorazadas israelíes se internaron en el corazón de Siria por el Norte, superando el monte Hermón sin tomarlo y por el centro se avanzaba hacia la capital. Por el sur el avance era rápido hasta que fue obstaculizado por tropas iraquies que habían penetrado en Siria para apoyar la operación las cuales, sin embargo, fueron rápidamente eliminadas y tomado el punto estratégico de Tel Shams, a pesar de que también unidades blindadas jordanas se unieron al intento de contraofensiva siria.
En estas posiciones, Israel dispuso una línea defensiva muy fuerte y se quedó a 40 kilómetros de Damasco, amenazando con el uso de la artillería sobre la capital.

El papel de la Flota-

La Armada de Israel, relegada a un papel auxiliar en anteriores guerras, desempeñó el que en verdad le correspondía durante la del Yom Kippur. Esto se debía a que la Flota había reconocido, quizás antes que otras armas, el revolucionario impacto de los cohetes en el arte de la guerra.



Israel había formado su propia flota de lanchas lanzacohetes; cinco de ellas sacadas de contrabando de su astillero francés en Cherburgo (Francia), el día de Navidad de 1969, desafiando así el embargo de armas dictado contra Israel por el general De Gaulle. Estas lanchas Saar, más dos modelos de fabricación nacional denominados Reshef, estaban armadas con un cohete diseñado y fabricado en Israel, el Gabriel. Tiene solamente un alcance de 20 kilómetros, la mitad de los Styx empleados por las flotas combinadas de Egipto y Siria en veintiocho lanchas. Pero el sistema de guía del Gabriel era mucho más moderno.

Desde el primer día de guerra, cuando Israel hundió a cuatro embarcaciones sirias, la mayor parte mediante el Gabriel, la Armada de Israel dispuso de medios para combatir a su gusto. En el primer miércoles de la guerra, el 10 de octubre, fueron hundidas tres lanchas sirias cerca de Port Said, e Israel atacó, asimismo, a otras lanchas amarradas en el puerto de Tartus, hundiendo cuatro, aunque, al mismo tiempo, averiaba seriamente a buques de carga griegos, rusos y japoneses, anclados en el puerto. A partir de entonces Israel dominó toda la línea costera. Sus lanchas patrullaban durante las veinticuatro horas del día, disparando contra "todo cuanto se movía". Sus cañones de 76 mm. desempeñaron un importante papel en la destrucción de las instalaciones petrolíferas sirias de la costa, así como causar graves daños en las estaciones de radar, complejos militares y depósitos de suministros, tanto en las costas sirias como en las egipcias. Por supuesto, la Armada también atacó algunos de los emplazamientos septentrionales de cohetes Sam.

Fue así como la Armada de Israel se comportó como una de las mejores armas durante la enconada y realmente amarga guerra.



-Padrinazgo de las superpotencias-

No cabe duda de que los rusos conocían de antemano el ataque árabe en el Yom Kippur. La "adecuada" evacuación de los expertos rusos, así como el lanzamiento efectuado el 6 de octubre de un satélite Cosmos de reconocimiento, permiten llegar a esta conclusión. Ya el lunes, el Secretario General del Partido Comunista, Leónidas Breznev, urgía a otros estados árabes, como Irak y Argelia, a que participaran en la lucha. A partir de este día, los suministros rusos fueron en aumento, hasta que se llegaron a registrar, el día 12 de octubre, viernes, un total de sesenta vuelos desde Damasco a El Cairo.

Las reservas de Israel, con respecto a ciertos tipos de munición, escaseaban. Sus pérdidas de aviones y tanques obligaron a solicitar un suministro americano similar. Al principio, esto fue en vano. Algunos miembros de la Información Militar habían supuesto, al principio, una rápida victoria israelí que hubiera hecho innecesario un suministro por vía aérea. Pero hay pruebas evidentes de que el Secretario de Estado norteamericano, doctor Henry Kissinger, había retenido la petición porque deseaba una derrota de Israel, aunque limitada, pero suficientemente grande como para satisfacer el "orgullo árabe herido"; una derrota lo bastante modesta como para que los rusos pudiesen hacer una propaganda triunfalista; una derrota suficientemente moderada como para lograr que Israel tomara asiento ante la mesa de conferencias para discutir la Resolución 242 y, finalmente, una derrota suficientemente tolerable como para evitar el colapso del Gabinete de la señora Meir y le sucediera otro gobierno que, sin duda, se mostraría más intransigente. Persiguiendo estos objetivos, el doctor Kissinger pronosticaba y apoyaba un alto el fuego, con los egipcios en plena posesión de la ribera oriental del Canal de Suez. Sin embargo, Sadat rechazó tal solución. El único alto el fuego que él aceptaría tendría que ir ligado a una solución a largo plazo: total evacuación de los territorios ocupados por Israel en 1967 y reconocimiento de los legítimos derechos del pueblo palestino. Los rusos parecieron apoyar la iniciativa de Kissinger y presionaron a Sadat, alegando que, al menos él, ya había expuesto sus puntos de vista políticos.

Cuando tal iniciativa fracasó, los Estados Unidos decidieron efectuar un envío masivo de suministros a Israel por vía aérea, transportes que se iniciaron el domingo, 14 de octubre. Los suministros aéreos se enfrentaron entonces con una dificultad de carácter logístico. El martes, tercer día de guerra, el Consejo de Ministros de Kuwait anunció una reunión de productores árabes de petróleo para discutir el papel que desempeñaban los crudos en el conflicto. Al día siguiente, los expertos petrolíferos de Egipto y Arabia Saudi discutían la manera de cómo habría que usar el arma del petróleo. Europa recibía más del 70% de su petróleo de manos de los árabes, por lo que los europeos se negaron sistemáticamente a proporcionar bases a los americanos para sus suministros aéreos, pues de otro modo ponían en peligro su suministro de crudos. Finalmente, los Estados Unidos tuvieron que canalizar sus envíos a Israel a través de la base arrendada a Portugal, en las Islas Azores.



-Suez: ofensiva y contraofensiva-

El 14 de octubre, domingo, el ministro de Defensa de Israel anunció que hasta entonces, en la guerra, habían muerto seiscientos cincuenta y seis soldados israelíes. Más tarde se supo que por lo menos cien de los dados como desaparecidos, también habían muerto. Fue aquel mismo día, cuando a las seis de la mañana, los blindados egipcios iniciaron una ofensiva hacia el Este, en realidad, el estallido que esperaban las I.D.F. El ataque egipcio se concentraba en cuatro puntos diferentes. La batalla principal se libró en el sector central, contra las fuerzas del general Sharon, donde unos ciento diez tanques egipcios fueron destruidos durante el día. La División del Norte, a las órdenes del general Adan, y la División del Sur, al mando del general Mandler, también lucharon contra los intentos del Tercer Ejército egipcio de romper el frente y avanzar hacia el Sudeste, a lo largo del golfo de Suez y en dirección a los campos petrolíferos de Abu Rodeis. Este intento fue abortado por las Fuerzas Aéreas de Israel, que destruyeron la mayor parte de una brigada egipcia. En total, durante el 14 de octubre, los egipcios perdieron más de doscientos tanques en el fracasado asalto para conseguir el tan ansiado avance.

Se ha calculado que en la lucha de aquel día tomaron parte más tanques que los mil seiscientos británicos, alemanes e italianos que libraron la batalla de El Alamein, a 320 kilómetros de El Cairo durante el mismo mes, en 1942.

Los tanques Patton y Centurión de Israel gozaban de una pequeña ventaja comparados con los carros rusos empleados por los egipcios, ya que su ángulo de tiro vertical y amplio les capacitaba para disparar cuesta abajo, exponiendo solamente la torreta, con lo cual aprovechaban el accidentado terreno del Sinaí Occidental.



A mediodía del 14 de octubre, el ataque egipcio había quedado tan desbaratado que muchas de sus unidades incluso tuvieron dificultades para hallar el camino de regreso a la cabeza de puente. Acto seguido, los carros de Israel trataron de cortar la retirada a los egipcios. Uno de los comandantes informó sobre el hecho de que en la batalla que duró hasta las tres de la madrugada, sus fuerzas habían provocado cincuenta y cinco "hogueras"; la mitad de ellas tanques, y el resto, piezas de artillería y transportes de tropas; sin haber sufrido ni una sola baja. El general Ismail declaró más tarde que se había visto obligado a iniciar una amplia ofensiva antes de que llegara el momento más idóneo para ello, con objeto de aliviar las presiones que pesaban sobre Siria. Trató de regresar a las cabezas de puente para proceder a su consolidación y convertirlas en "poderosa roca contra la cual se estrellarían los contraataques del enemigo".

En la tarde del 15 de octubre, lunes, cuando no hubo duda alguna de que los egipcios no intentarían salir de nuevo de sus cabezas de puente, se encendió la luz verde para el cruce del Canal hacia el Oeste.

El general Sharon fue encargado de llevar a cabo la travesía del Canal. Antes de la guerra, cuando era comandante del Mando Sur, había elegido ya un punto para cruzar el Canal, situado entre los dos Lagos Amargos, cerca de la entrada del Canal. En este punto, situado a unos 20 kilómetros al Sur de Ismailia, las enormes rampas del Canal aparecían muy disminuidas en su volumen y su parte más débil estaba marcada con ladrillos rojos. Las fuerzas estaban formadas por tres brigadas acorazadas, contando cada una de ellas, en un principio, con noventa o cien tanques, número que disminuyó al cabo de una semana de lucha: una brigada de infantería, incluidos paracaidistas, y un cuerpo especial de ingenieros, con equipo para remover tierras, motoras y equipos de pontones. Frente a esta división estaba, la 21 División Acorazada egipcia con tantos tanques como la de Sharon, núcleo del Segundo Ejército egipcio, a las órdenes del general Sad Mam.



Desde un principio se hizo evidente que el éxito de la operación dependería de la velocidad y sorpresa de la misma. Si el factor sorpresa dejaba de existir, los egipcios podían haber reunido un número considerable de tanques para esperar en la ribera occidental del Canal. El problema del general Sharon consistía en cómo llegar hasta el agua y establecer una cabeza de puente la misma noche. Se eligió el punto de penetración entre el Segundo y Tercer Ejércitos egipcios. Al llegar el crepúsculo del 15 de octubre, una de las tres brigadas acorazadas se lanzó al ataque por el Oeste, mientras que otra lo hacía en dirección Sudoeste, hacia el Gran Lago Amargo. Un tercer grupo avanzó hacia el Norte para establecer un perímetro de seguridad. A medianoche se había logrado el enlace con los paracaidistas de la tercer brigada, y una hora más tarde el propio general Sharon se encontraba sobre el Canal, con aproximadamente doscientos paracaidistas.

Pero los objetivos más importantes no se consiguieron: al amanecer no se había establecido la cabeza de puente e incluso aún no eran nada seguras las carreteras que conducían al punto de cruce. Por otra parte, el grupo que había avanzado hacia el Norte tropezó con fuerte resistencia egipcia al cabo de pocos kilómetros, por lo que en aquellos momentos el grupo iniciaba un combate que iba a durar los dos días siguientes.

A mediodía del 16 de octubre, martes, Sadat, sin haberse enterado aún, por supuesto, de que las tropas de Israel habían pasado a la ribera occidental y de la enorme importancia de esta operación, pronunció un discurso en público, en el que por vez primera exponía los objetivos de la guerra.

Prometió continuar luchando para liberar la tierra ocupada por Israel en 1967 y hallar los medios necesarios para conseguir se respetaran los derechos legítimos del pueblo palestino. Declaró su buena disposición, una vez se hubiese llevado a cabo la retirada de los territorios ocupados, para asistir a una conferencia internacional de paz en las Naciones Unidas. Y lo que aún era más significativo, anunció que estaba dispuesto a aceptar un alto el fuego, con la condición de que las fuerzas de Israel se retiraran de todos los territorios ocupados a las líneas anteriores al 5 de junio de 1967, bajo supervisión internacional. Pocos días después, el presidente Sadat estaría dispuesto a aceptar un alto el fuego en condiciones muy diferentes a las expuestas.

Horas después, la señora Meir habló ante el Knesset, que se había reunido en sesión especial en Jerusalén. Replicando al presidente Sadat, dijo: "No nos cabe la menor duda de que, una vez más, se ha hecho la guerra en contra de la propia existencia del Estado judío: nuestra supervivencia está en juego.... Los Ejércitos de Egipto y Siria, con la ayuda de otros Estados árabes....han ido a la guerra con el exclusivo objeto de alcanzar las líneas del día 4 de junio de 1967 y de camino, a la vez, para conseguir su propósito principal: la conquista y destrucción de Israel".

Atacó a la Unión Soviética por suministrar armas ofensivas a los árabes, y denunció los embargos de armas en el Oriente Medio, o, lo que era igual, las exportaciones anunciadas por Inglaterra y Francia. Con respecto a los objetivos de guerra de Israel, dijo: "Llegará el alto el fuego cuando se rompa la fuerza del enemigo. Estoy segura de que, cuando hayamos llevado al enemigo al borde del colapso, los representantes de varios Estados no se mostraran "lentos" en presentarse voluntariamente a salvar a nuestros agresores...". Lo más importante de su discurso fue, quizás, el breve anuncio de que el Ejército de Israel ya se encontraba dando los pasos necesarios para llegar a una resolución militar del conflicto con Egipto: "Un contingente de las I.D.F. está operando en la ribera occidental del Canal de Suez". Era la primera noticia acerca de la cabeza de puente de Arik Sharon. En principio, la señora Meir había pensado en enunciar el establecimiento de una cabeza de puente. Sin embargo, esta parte vital de la operación se silenció, porque aún no se había logrado.

Mientras Sharon, con su reducido grupo de hombres, no tropezaba con ninguna oposición en la ribera occidental, se estaba librando una de las más feroces y costosas batallas de toda la guerra a unos 3 kilómetros de la ribera oriental, tras ellos, alrededor de la llamada confluencia de carreteras de la Granja China. La Infantería egipcia había conseguido infiltrarse en la zona de confluencia, en el Norte, y con rampas de cohetes dirigidos electrónicamente hacían que resultase inaccesible el cruce de carreteras y a la vez habían llegado hasta el Sur, atacando intermitentemente la confluencia. Y toda la operación se hallaba en aquellos momentos muy retrasada. A las nueve de la mañana del 17 de octubre, miércoles, sólo unos treinta tanques y aproximadamente dos mil hombres habían cruzado el Canal. La artillería egipcia había disparado a cero sobre la zona de confluencia, convirtiendo el lento paso del convoy en una operación enormemente dificultosa. La carga principal que había que transportar era el puente: flotadores rectangulares de acero transportados en camiones. Algunas de las secciones del puente quedaron dañadas por los obuses, lo que significaba que no habría posibilidad de tender un puente dentro de las doce horas siguientes. Si cualquier grupo de fuerzas se hubiera presentado repentinamente en la ribera oriental, los israelíes no hubiesen podido hacer nada en absoluto. Trasladar a la otra orilla del Canal a una división con barcazas hubiera requerido por lo menos mil viajes de ida y vuelta.

El plan original de la operación consistía en que las fuerzas del general Sharon aseguraran la cabeza de puente, mientras que la división del general Adan avanzaría aprovechando la situación. De las diferentes opciones sugeridas para tal fase de la operación quedó suprimida la de avanzar hacia el Norte, hacia Ismailia, a causa del complejo sistema de canales, la "barrera agrícola" que convertiría cualquier avance en tal dirección en algo pesado, molesto y presumiblemente difícil. Por tanto, se había decidido avanzar hacia el Sur, hacia Suez, y aislar al Tercer Ejército. La ruta se extendía a lo largo de arena abierta y firme, donde las columnas de Israel podrían avanzar con rapidez. Durante 30 kilómetros, los israelíes tendrían un flanco protegido por los Lagos Amargos, barrera que ninguna de ambas partes podría cruzar. Una vez situadas en el Sur, las I.D.F. sólo tendrían que controlar un frente de unos 20 kilómetros, entre Shalufa y Suez, con objeto de atrapar al Tercer Ejército. En la mañana del martes, aquel plan pareció no ser útil en absoluto. Las fuerzas del general Adan, en lugar de cruzar inmediatamente para iniciar el largo avance hacia el Sur, tuvieron que empeñarse en la dura lucha de la Granja China, batalla orientada a asegurar un pasillo de aproximación al cruce.

Mientras tanto, las fuerzas del general Sharon, después de la amarga discusión entre Sharon y sus superiores, se dedicaron a atacar depósitos de petróleo, volándolos y, lo que demostró ser de primerísima importancia, destruyendo los emplazamientos de cohetes Sam, despejando así un terreno excelente para el aterrizaje de los aviones israelíes, a la vez que creaban un pasillo aéreo de penetración.

Cuando el presidente Sadat dejó de mencionar en su discurso la invasión israelí, se supuso en Israel que esta actitud era deliberada. Al Mando israelí, no se le ocurrió pensar que, muy probablemente, ni el presidente Sadat ni el general Ismail sabían lo que estaba ocurriendo. Según la versión dada por el general Ismail, la primera noticia que tuvo sobre la invasión fue "información que le estaba esperando cuando regresó de la sesión de la Asamblea del Pueblo, concerniente a la infiltración de un pequeño número de tanques anfibios". El mensaje añadía que, de acuerdo con la opinión del mando local, "era posible destruirlos rápidamente", por lo cual había sido enviada para tal misión un batallón de choque. Hasta el oscurecer del día 16 de octubre, martes, veinticuatro horas después de haberse iniciado la operación, los egipcios no planificaron un ataque coordinado en las cercanías del puente de cruce.

Durante toda la noche, los tanques estuvieron enzarzados en duro combate. Lenta y dramáticamente, se fue reduciendo también la resistencia egipcia, en la Granja China y el fuego en los puntos de cruce disminuyó lo suficiente como para que los ingenieros israelíes montasen los pontones para el tan esperado y retrasado puente. En la pequeña zona de la Granja China, después del combate, se contaron más de mil quinientos vehículos quemados, la mitad de los cuales pertenecían a ambos bandos. A mediodía del miércoles, y con casi treinta horas de retraso, ya se hallaba el primer puente en su lugar y sobre él comenzaron a pasar las tres brigadas de tanques del general Adan. Poco después, se instaló el segundo puente sobre el Canal. Por entonces, el elemento sorpresa se había perdido por completo. La artillería egipcia disparaba a cero sobre los puntos de cruce, por lo cual tanto el montaje de los puentes como su cruce, implicaron grandes bajas.



-Petición de alto el fuego-

La Unión Soviética se había convencido de la necesidad de un alto el fuego al cabo de unos pocos días de lucha; al parecer, sus expertos se mostraban muy pesimistas acerca de la habilidad de los egipcios para enfrentarse a un poderoso contraataque israelí que necesitaría de una rápida improvisación en lugar de una planificación bien hecha de antemano. El martes, Kosiguin decidió observar personalmente el progreso de la guerra. Voló hasta El Cairo, llegando poco después de que la señora Meir anunciara el establecimiento de una cabeza de puente por parte de Israel en el Canal de Suez. Una vez estuvo clara para los rusos la magnitud del desastre, Breznev envió una urgente solicitud al presidente Nixon para que él, a su vez, enviara al Secretario de Estado, Kissinger, a Moscú, con objeto de entablar negociaciones para poner fin rápidamente a las hostilidades que, si continuaban, serían muy difíciles de detener. Los rusos hicieron hincapié en que no podían permitir una derrota egipcia y que estaban dispuestos a adoptar las medidas necesarias para que tal cosa no sucediera. En consecuencia, a las cinco de la madrugada del sábado, 20 de octubre, Kissinger y un grupo de funcionarios partió hacia Moscú.

Por entonces, la división mandada por el general Magen; quien sustituyó al general Mandler, muerto en la lucha; también había cruzado los puentes. Así pues, en la ribera occidental del Canal de Suez ya había tres divisiones israelíes. Las fuerzas del general Sharon, en el Norte, se vieron obligadas a combatir en la zona de cultivos creada por los canales de agua dulce, en dirección a Ismailia.

Las fuerzas del general Adan avanzaron en dirección a Genifa-Suez, al mismo tiempo que despejaban la zona situada al oeste del Lago Amargo y de la propia ribera occidental del Canal. El general Magen describió con sus hombres un amplio arco hacia el oeste de Yebel Genifa, en dirección al puerto de Adabiya, en el golfo de Suez.

El domingo, 21 de octubre, el Alto Mando de El Cairo, en una conferencia de prensa, la primera que se celebraba durante la guerra, admitió que había dos pequeñas bolsas de israelíes a unos diez kilómetros de distancia, en el interior de Egipto, pero alegó que ambas bolsas se hallaban perfectamente cercadas por millares de soldados egipcios. La verdad era que, en aquellos momentos, las fuerzas de Israel no sólo habían avanzado en gran parte hacia Suez, sino que también habían desmantelado los emplazamientos de los cohetes. La comparativa libertad en el aire disfrutada por los Mirage y Phantom israelíes aquel día se manifestó por sí misma en el combate aéreo. Los egipcios, obligados a comprometer sus Mig en un esfuerzo por detener el avance israelí, perdieron diecisiete cazas en el transcurso de un solo día. Las tropas israelíes, avanzando rápidamente hacia la carretera de El Cairo-Suez, amenazaban con cortar el cordón umbilical del Tercer Ejército; sus fuerzas ascendían a unos veinte mil hombres, más aproximadamente unos trescientos o cuatrocientos tanques todavía intactos, por lo cual se consideraban tropas altamente vulnerables.

Tal y como había pronosticado la señora Meir, cuando se hizo evidente la victoria judía, las Superpotencias inmediatamente se pusieron de acuerdo para un alto el fuego. Por último, se puso en movimiento la oxidada maquinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Poco después de las diez de la noche del domingo, en Nueva York; exactamente después de las cuatro de la madrugada en la zona de guerra; se reunió el Consejo de Seguridad y, tras un breve debate, se adoptó la Resolución 338, apoyada tanto por los Estados Unidos como por Rusia. La resolución requería a ambas partes en lucha para que cesara el fuego inmediatamente, así como toda clase de actividades militares. Se concedía a ambos bandos un plazo de doce horas para que lo hiciesen desde las posiciones que ocuparan en ese momento. El hecho de que el presidente Sadat, que días antes había declarado que no aceptaría un alto el fuego a no ser que Israel se retirase de todos los territorios ocupados en 1967, era algo que ahora se remplazaba por un alto el fuego "in situ", y esta circunstancia atestiguaba más que ningún otro hecho el cambio decisivo que se había operado en el campo de batalla. La resolución también instaba a ambas partes para que, después que entrase en vigor el alto el fuego, se sometiesen a la Resolución 242 del Consejo de Seguridad, en todas sus partes, y concluía con la provisión de que "inmediatamente y tras el alto el fuego se iniciaran negociaciones entre las partes interesadas, y bajo los adecuados auspicios, orientadas al establecimiento de una paz justa y duradera en Oriente Medio". Aun cuando el "cumplimiento" de la Resolución 242 se podía considerar como una concesión a los árabes, la última, en la que se instaba a unas negociaciones entre ambas partes, se consideraba como una concesión a los israelíes. Sin embargo, la resolución de alto el fuego contenía una laguna: el acuerdo no presentaba propuesta alguna sobre observaciones u obligación del alto el fuego. Éste entraría en vigor el lunes, 22 de octubre, a las 5'58 de la tarde.



-Recuperación del Monte Hermón-

La última semana de guerra fue testigo de una intensa lucha en el Norte, pero de muy pocos cambios territoriales. Las fuerzas de Israel habían penetrado en Sasa, pero, al hallarse expuestas a contraataques y muy preocupadas por sus canales de suministros, se retiraron de aquella confluencia y ocuparon posiciones más al Oeste. Israel había alcanzado sus principales objetivos en aquel frente: se había despejado todo el Golán y se hallaba bajo seguro control de Israel una enorme extensión de territorio al este de la anterior línea de alto el fuego. Más allá se hallaba la capital de Siria, claramente visible desde las posiciones israelíes. Su conquista hubiese implicado considerables dificultades militares, así como numerosas bajas, además se consideraba políticamente imprudente por muchas razones, sobre todo ante la suposición de que los rusos, en vista de su compromiso con Siria, no se quedarían de brazos cruzados si la capital de sus aliados caía en manos judías. Mientras tanto las principales unidades de las I.D.F., incluidas las aéreas y las acorazadas, se habían trasladado al Sur, al frente egipcio, donde se estaba librando la batalla decisiva de la guerra.

Sin embargo había una posición israelí que no se había recuperado todavía: la del Monte Hermón, en poder de los sirios, que la habían tomado en las primeras horas de la guerra. Era vital, no sólo para evitar que los sirios dispusieran de observación visual y electrónica desde aquel puesto, sino para asegurar estos medios para Israel con objeto de poder observar el propio corazón de Siria.

Con el alto el fuego a la vista, se realizó un intento con paracaidistas lanzados desde helicópteros y unidades de Infantería que escalaron el lado más accidentado que conducía a su cima, situada a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar, infantería que estaría apoyada por la artillería, blindados y aviación. Los cañones sirios, emplazados alrededor de la fortaleza, lucharon obstinadamente, apoyados por los aviones, nueve de los cuales fueron derribados. A las once de la mañana del 22 de octubre, lunes, ocho horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego, los israelíes completaron la operación con rotundo éxito: las banderas de Israel y de la brigada Golani ondearon, una vez más, en la antena de la radio sobre el fuerte: "los ojos y oídos de Israel".



-Desde el alto el fuego al fin de las hostilidades-

El Gobierno de Israel había aceptado de mala gana el alto el fuego, ya que opinaba que, después de casi tres semanas de enconada lucha y de grandes pérdidas, se le arrebataba de las manos el precio de la victoria. El presidente Sadat también lo había hecho con la esperanza de salvar al Tercer Ejército de una completa aniquilación. Finalmente, Siria anunció asimismo que aceptaba, aunque "sobre la base de una completa retirada de las fuerzas israelíes de todos los territorios árabes ocupados en junio de 1967 y más tarde...", condición que se oponía claramente a la resolución. De todos modos la lucha continuó. Entre el momento en el que se adoptó la resolución y la hora en que entró en vigor, las fuerzas israelíes habían terminado ya de cortar la carretera El Cairo-Suez. El Tercer Ejército egipcio intentó desesperadamente romper el cerco. Como Egipto no había suspendido el fuego, las I.D.F. no vieron razón alguna para hacerlo unilateralmente, y así emplearon las horas de intervalo para reforzar el círculo que rodeaba al Tercer Ejército.

A petición del presidente Sadat, se reunió el Consejo de Seguridad, en otra sesión de urgencia el martes, 23 de octubre, y una vez más, fueron las dos superpotencias las que propusieron una resolución conjunta. Esta resolución, la número 339, adoptada por 14 votos por ninguno en contra, y una sola abstención, aunque confirmaba la decisión de un inmediato cese de las hostilidades, urgía "que las fuerzas regresaran a las posiciones que ocupaban en el momento en que el alto el fuego e había hecho efectivo". Como tales posiciones eran materia de controversia y el propio destino del Tercer Ejército dependía de cual de las versiones se aceptara, esta cláusula sirvió de muy poco o más bien de nada para aclarar el tema. El Consejo de Seguridad también solicitó al Secretario General que tomase las oportunas medidas para que un grupo de observadores de las Naciones Unidas se trasladara a Oriente Medio, con objeto se supervisar el cumplimiento del alto el fuego.

A pesar de esta nueva resolución, la lucha continuó. La Unión Soviética, en desesperado intento de salir fiador de su cliente egipcio y restablecer su credibilidad ante los ojos de los árabes, se enzarzó en una serie de movimientos militares y diplomáticos que sin duda indicaban su voluntad de intervenir unilateralmente en el conflicto, siempre con el exclusivo objeto de salvar al Tercer Ejército. El Secretario del Partido, Breznev, envió una enérgica nota al Gobierno de los Estados Unidos apremiando el envío de fuerzas de las dos Superpotencias para que reforzasen el alto el fuego, añadiendo que, si los Estados Unidos se negaban a ello, entonces la Unión Soviética se vería obligada a actuar sola. Simultáneamente, la C.I.A. informaba de la presencia de siete buques de desembarco y dos portahelicópteros para transporte de tropas en aguas del Mediterráneo; además, se hallaban en estado de alerta siete divisiones soviéticas aerotransportadas, con una división a nivel de superalerta, dispuesta a actuar en el acto. Un nuevo elemento en la situación demostraba que las Fuerzas Aéreas soviéticas había retirado la mayor parte de los grandes transportes empleados en los suministros aéreos a Egipto y Siria a sus bases rusas. Por tanto, podrían llegar a emplearse para transportar tropas soviéticas a la zona del conflicto.

Para evitar cualquier movimiento precipitado por parte de la Unión Soviética, el Gobierno de los Estados Unidos decidió una alerta nuclear mundial, recibiendo todos los mandos la orden de adoptar el estado de defensa 3, estado superior al de una defensa normal de tiempos de paz, situación en la que las tropas esperaban órdenes más concretas y se cancelaban todos los permisos. A continuación, se rumoreó en Washington que esta alerta nuclear mundial se había producido más debido a consideraciones internas que a otros factores, puesto que el escándalo de Watergate había alcanzado otro punto crucial aproximadamente por aquellas fechas, como resultado de la decisión de Nixon de despedir a su fiscal especial Archibald Cox, que estaba investigando el escándalo. Este alegato fue desmentido enérgicamente por todos los implicados directamente en el asunto. En todo caso, el "debate acerca de una alerta nuclear" desapareció con la misma rapidez que había surgido. Dentro del Consejo de Seguridad se estableció un compromiso mediante el cual se excluirían a los miembros permanentes del Consejo y, en consecuencia, a las dos superpotencias de la inmediata operación de lograr la paz. El Secretario General de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim, recibió la aprobación unánime al proponer se enviasen fuerzas de Austria, Finlandia y Suecia, entonces de guarnición en Chipre, a la zona de guerra de Oriente Medio.

La alerta nuclear de los Estados Unidos situó en un primer plano la tensión latente entre los Estados Unidos y sus aliados de la O.T.A.N. que protestaban por no haber sido consultados de antemano. Los Estados Unidos respondieron haciendo hincapié en su irritación hacia los países europeos por no haber ayudado a los americanos en el asunto de Oriente Medio. Excepto Portugal, que había concedido permiso de aterrizar a los aviones americanos para que desde las Islas Azores se dirigiesen a Israel con suministros de guerra, ninguna otra nación europea se prestó a colaborar con los americanos durante la Guerra del Yom Kippur.

El acuerdo o, más bien, el "arreglo" establecido por las Superpotencias no se reflejó inmediatamente en el frente de batalla. El jueves se renovó la lucha en el área de Suez y, una vez más, los observadores enviados desde El Cairo fracasaron en su intento de establecer una satisfactoria línea de alto el fuego. Era realmente desesperada la solicitud de ayuda del Tercer Ejército. Los hombres llevaban cuatro días aislados, y los cálculos más generosos estimaban que no podrían resistir otra semana. Israel permitió el paso de un envío de plasma sanguíneo destinado a los heridos, pero se negó a autorizar el paso de provisiones, incluso agua, ya que tales provisiones contribuirían al establecimiento de una base bien consolidada que en el futuro pudiera constituir una nueva amenaza, o agresión.

Hasta entonces, Egipto sólo había informado de la captura de cuarenta y ocho israelíes, y Siria, que había mostrado por televisión a los prisioneros judíos, no había informado nada en este sentido, mientras que Israel, en la mañana del 24 de octubre contaba con mil trescientos prisioneros de guerra, novecientos ochenta y ocho egipcios, doscientos noventa y cinco sirios, doce iraquíes y cinco marroquíes. Resultó entonces palpable que, a pesar de lo establecido en este terreno por la Convención de Ginebra, los árabes se preparaban para usar como carta escondida en la manga el tema sentimental de los prisioneros de guerra. Otra carta que se estaba ya usando era el mantenimiento de un bloqueo naval en los estrechos de Bab-el-Mandeb, en la entrada sur del Mar Rojo, considerado por Israel como acto de guerra y como violación del alto el fuego.

Mientras los demás frentes se mantenían tranquilos durante el 26 de octubre, viernes, el cercado Tercer Ejército realizó un desesperado y último intento por mejorar su posición. Protegidos por el fuego de tanques y artillería, los egipcios intentaron hacerse con el control de los puentes de pontones situados al sur del Pequeño Lago Amargo y tender uno nuevo a través del Canal, al sur de Suez. Tras un combate que duró tres horas, en el cual desempeñó un importante papel la Fuerza Aérea israelí, el intento egipcio fracasó estrepitosamente, quedando su nuevo puente en ruinas. Aquel día también se tuvieron pruebas evidentes de que se desmoronaba la moral del Tercer Ejército, ya que los israelíes capturaron numerosos grupos de soldados, a menudo sin lucha, que habían desertado del grueso de sus fuerzas e intentaban regresar a su país.

El secretario de Estado norteamericano inició entonces una intensa labor de negociaciones diplomáticas para impedir el colapso del Tercer Ejército. Ya fuese motivado por la preocupación de la posibilidad de una directa intervención soviética y el consecuente peligro de enfrentamiento de las Superpotencias, o quizá por su deseo de evitar una total y completa humillación egipcia y salvar algo de la "derrota limitada" que había previsto desde un principio, lo cierto fue que el secretario de Estado presionó con dureza al Gobierno de Israel para que permitiera un suministro regular al Tercer Ejército. El sábado, 27 de octubre, veintiún días después de estallar las hostilidades, quedaron en silencio los cañones en ambos frentes. Pocas horas después, los jefes militares egipcios e israelíes se reunían en el kilómetro 101 de la autopista Suez-El Cairo; a 80 kilómetros aproximadamente de la capital egipcia; donde finalmente fijaron los detalles del suministro al Tercer Ejército.

Desde un punto de vista militar, la guerra que había comenzado en las peores circunstancias que Israel pudiera haber pensado y con las más que prometedoras condiciones con que las fuerzas árabes podrían haber esperado y para la que se habían preparado, tuvo como resultado la victoria de las fuerzas de Israel. Aunque Egipto mantenía dos grandes cabezas de puente en la ribera oriental del Canal de Suez, las fuerzas de Israel retenían unos 1.600 kilómetros cuadrados en la ribera occidental del Canal, con sus fuerzas más occidentales situadas aproximadamente a 70 kilómetros de El Cairo; el Tercer Ejército egipcio estaba atrapado y, de no ser por la intervención de las Naciones Unidas y de las Superpotencias, habría sido condenado. En el Norte, Israel retenía 600 kilómetros cuadrados de territorio más allá de la línea de tregua de 1967, llegando hasta unos 40 kilómetros de Damasco. Según cálculos americanos, las fuerzas combinadas árabes habían perdido aproximadamente unos dos mil doscientos tanques y unos cuatrocientos cincuenta aviones, mientras que Israel había perdido ochocientos tanques y ciento quince aviones. Muchos de los tanques sirios y egipcios semiquemados o averiados quedaron en territorio israelí y más tarde fueron reparados. Israel mantenía ocho mil ochocientos prisioneros de guerra, y Egipto y Siria, algo menos de cuatrocientos.

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