
La plaza del 1 de Mayo, en Argel, apenas sumó a 2.500 manifestantes rodeados por 30.000 policías antidisturbios. El cortejo que debía recorrer 4 kilómetros por el centro se transformó en una concentración reducida.
El sistema de seguridad montado por el Ejecutivo argelino fue demoledor: llegar hasta la plaza 1 de Mayo era una proeza.
El Ministerio del Interior paralizó las grandes ciudades: no ómnibus, casi no taxis, no trenes, y mucho corte de calles.
La conexión a Internet no fue cortada, pero los usuarios se quejaban de que se navegaba con mucha lentitud.
Los agentes policiales llevaban bastones y granadas lacrimógenas pero no armas de fuego para evitar males mayores, amarga lección que dejó Egipto.
Y abundaron los controles callejeros a veces a kilómetros del lugar de la cita. Una buena proporción de los agentes eran mujeres y se encargaban especialmente de parar a las manifestantes de su mismo sexo.
El Ministerio del Interior requisó ómnibus para trasladar a sus agentes porque sus propios vehículos no bastaban.
Es cierto: el despliegue demuestra miedo, pero por ahora le permitió al régimen sofocar el reclamo de la Coordinadora Nacional para el Cambio y la Democracia.
El Gobierno Civil de Argel había anunciado el 07/02 la prohibición de la manifestación: desde hace 19 años rige en Argelia la legislación de emergencia que veta las manifestaciones al aire libre.
El presidente Abdelaziz Bouteflika prometió, el 03/02, que levantaría en breve la restricción en todo el país excepto en la capital dónde "razones de orden público" aconsejan mantener la prohibición. Todavía no cumplió su promesa.
El Ministerio del Interior solo reconoció, en un comunicado, 14 detenidos por poco tiempo. Los opositores dijeron 400.
Ali Belhadj, entre ellos: 1 de los 2 principales dirigentes del Frente Islámico de Salvación que hubiera ganado las elecciones en 1992 de no ser porque el Ejército dio un golpe de Estado para impedirlo. Belhadj cumplió una condena de 12 años en prisión y ahora tiene prohibida cualquier actividad política.
Rodeado de varios cientos de fieles que repetían a gritos "¡El sistema debe caer!", Belhadj, vestido con el "kamis" islámico, se sumó a la manifestación. La presencia de este ex predicador para el que la Constitución debe inspirarse en el Corán fue una gran sorpresa.
Los choques entre policías y jóvenes manifestantes en los aledaños del 1 de Mayo fueron moderados, comparados con la violencia de las protestas de principios de enero por la pérdida de poder adquisitivo.
Una veintena de jóvenes partidarios del presidente Bouteflika irrumpió en la plaza gritando "¡Bouteflika no es Murabak!".
Pero, tal como dijo Ali Rachedi, "Más allá del número de asistentes, la manifestación es un éxito porque hacía más de una década que la gente no intentaba desfilar en la capital. El muro psicológico del miedo se ha derrumbado hoy. Ahora hace falta poner en marcha una dinámica para que caiga el régimen".
Preocupación árabe
La noticia de la renuncia de Mubarak tuvo una inmediata celebración en Saná, capital de Yemen, el viernes 11/02 por la noche. Varios cientos de yemeníes se echaron a las calles de la capital.
De acuerdo con las agencias de noticias, los manifestantes rompieron fotografías del presidente Ali Abdalá Saleh y corearon eslóganes pidiendo su renuncia inmediata.
Pero su entusiasmo fue acallado por la intervención de las fuerzas de seguridad. Según Human Rights Watch, al menos 10 personas resultaron detenidas.
Con ese precedente, las autoridades tomaron medidas para impedir una nueva concentración por la mañana. Un fuerte despliegue de policías y agentes de civil, armados con las tradicionales dagas yemeníes y bastones, hicieron frente a entre 2.000 y 4.000 manifestantes, la mayoría estudiantes, que intentaban marchar hasta la Embajada de Egipto.
Desde la semana pasada, algunos simpatizantes del Congreso General del Pueblo (CGP), el partido gubernamental, han instalado tiendas de campaña en la plaza de Tahrir para evitar que la tomen los opositores tal como ocurrió en El Cairo con la explanada del mismo nombre.
Saleh, que lleva 32 años en el poder, ha intentado aplacar el malestar con la promesa de no presentarse a las próximas elecciones en 2013, el anuncio de algunas mejoras económicas y la oferta de reformas políticas.
Sin embargo, la oposición aún no ha respondido a su invitación a formar un Gobierno de unidad nacional y pide que las conversaciones se desarrollen bajo los auspicios de Occidente o de las monarquías petroleras de la península Arábiga.
Las tensiones se ven agravadas por la extrema pobreza de Yemen (su petróleo apenas cubre ya su consumo), un movimiento secesionista en el sur del país (donde las protestas antigubernamentales están teniendo mayor eco) y el escaso control del Gobierno fuera de la capital que ha convertido el país en un refugio de Al Qaeda.
Aun así, el Gobierno de Yemen declaró que respeta la elección del pueblo egipcio y que le apoyará en su búsqueda de progreso y desarrollo.
En parecidos términos se expresaron las autoridades de Arabia Saudí y de Bahréin.
El rey saudí, Abdalá, brindó hasta el último momento su apoyo al ya ex presidente egipcio Hosni Mubarak, llegando incluso a ofrecerse para cubrir una eventual retirada de la ayuda económica estadounidense.
Pero un comunicado difundido por la agencia oficial, SPA, deseó "una transición pacífica de poder" y "que las fuerzas armadas egipcias restablezcan la paz, la estabilidad y la tranquilidad".
"Bahréin respeta la elección del pueblo egipcio", aseguró el periódico progubernamental Al Watan.
El mensaje tiene valor porque el pequeño productor de petróleo, que alberga la V Flota estadounidense, es uno de los más vulnerables a una revuelta entre los países del golfo Pérsico.
La isla tiene un sistema parlamentario, pero el rey aún gobierna. Además, a diferencia de la monarquía suní, la mayoría de sus habitantes son chiíes y se quejan de discriminación en el acceso a los servicios y los empleos gubernamentales.
Tal vez tratando de acallar ese malestar en un momento en el que los ejemplos de Túnez y Egipto resultan muy tentadores, el rey Hamad anunció el viernes la entrega de 1.000 dinares (algo menos de € 2.000) a cada familia bahreiní.
Antes de conocerse esa noticia, la oposición había convocado una movilización para mañana, décimo aniversario de la Constitución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario